Un signo marca el poema de largo aliento Tremévolo y tres aires distintos: la libertad en el lenguaje, el cuerpo como centro del universo, la decadencia y tormento del estado de amor, y la necesidad expresiva de una voz poética doliente, inquisidora, música filosa con arpegios bestiales. El desasosiego del poeta está colgado de la rendija de una alcantarilla o de una piedra cósmica: en sus cantos no hay cosas grandes ni pequeñas; todo está tejido con sorprendentes imágenes que laten en la vida diaria como crisálidas. Adán Echeverría entrega un poemario despojado de vestiduras, lejos de retóricas vacuas, con voz propia.
Carlos López
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